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El lado B de la lactancia

Actualizado: 15 de feb de 2019

Tras nueve meses de espera, el pequeño bebé está en brazos de mamá y de ella deberá alimentarse.

¡Felicidad! o ¿Felicidad? La mayoría de las mujeres coincidirían en describir el proceso de lactancia como una de las experiencias más maravillosas y gratificantes que se puedan experimentar, y no se pone en duda. Sin embargo, ¿qué pasa cuando no es así? Dediquemos estas líneas a hablar de aspectos de los que poco se habla, en un momento en el que la lactancia está en un periodo de repunte con tendencia a la idealización.



Comencemos desmitificando: Es cierto que la lactancia materna genera y estrecha un vínculo

emocional entre madre e hijo, pero que no pueda haber lactancia por la situación que sea, o que dure menos de lo indicado o esperado no quiere decir que este vínculo sea diferente; casi más relevante que de dónde proviene el alimento es la afectividad con la que se lleva a cabo la alimentación.


Es cierto también que la leche materna es considerada como el mejor alimento que puede recibir un bebé recién nacido, pero esto no quiere decir que las necesidades del bebé no puedan quedar cubiertas de otra manera.


Entonces la pregunta fundamental, ¿por qué los problemas que pueden presentarse en la lactancia repercuten en el ánimo de la mamá? Esta es una cuestión personal–emocional, generalmente se tienen ciertas expectativas respecto de la lactancia y cuando no se cumplen suele aparecer un sentimiento de culpa relacionado habitualmente con no ser suficientemente buena madre; está también la parte social, en donde la mamá por distintas circunstancias se ve involucrada en un sinfin de comentarios y juicios que pueden hacerla sentir culpable respecto de si está siendo buena madre o no.



Algunos ejemplos de estos comentarios son: “¡¿Cómo que no tienes leche?!, ¿pues qué hiciste para que se te fuera? Porque deberías tener”, “¡¿En serio le das fórmula a tu bebé desde los tres meses!? Seguro va a tener bajas las defensas o va a ser alérgico a algo”.



La idea de que un bebé no presente de manera inmediata el reflejo de succión, que a la mamá se le vaya la leche o no haya producido bastante, que la forma del pezón no ayude para alimentar al bebé, que éste no se pegue al pecho por suficiente tiempo, etc., son factores que no se suelen mencionar cuando se aborda el tema de lactancia, sobre todo cuando se habla desde la idealización, sin embargo, son cosas que pasan.


También se presenta un tema físico en la madre, los pechos duelen, se irritan, están inflamados, los pezones se agrietan, dan comezón, pueden llegar a sangrar, el bebé no siempre vacía ambos pechos por igual, los pezones gotean, hay que hacer uso de un sacaleche; sumado a eso la mamá atraviesa por un reajuste hormonal, corporal y una alteración del ciclo del sueño.


¿Y qué es lo que esto puede generar? En algunos casos la mamá se siente enojada, frustrada, tensa, nerviosa, desesperada o irritable, lo que puede provocar en ella pensamientos o conductas por las que después se siente culpable. Pensemos por un momento en una mamá que tras una etapa de lactancia tiene ya los pezones como los describíamos anteriormente, es posible que quiera abandonar la lactancia o que por un instante no sienta deseos de alimentar a su bebé, no es por ser mala madre, simplemente es que tiene dolor.


Suelen hablarnos acerca de las bondades de la lactancia, pero poco se habla de los sentimientos negativos que la mamá pueda tener hacia sí misma o hacia su bebé cuando no se tiene una lactancia de cuento de hadas en donde todo es color de rosa. Social y culturalmente está “mal visto” que una mamá hable sobre tener un sentimiento hostil hacia su bebé, es por eso que poco comentan de ello y mucho tiene que ver con el temor a no ser comprendidas o ser juzgadas como malas madres.


Bueno, si eres una mamá que a veces se desespera con la lactancia, que ha sentido ganas de gritarle a su bebé, que ha querido llorar de frustración, si te has sentido incapaz de alimentar a tu bebé, si en algún momento has llegado a pensar “¿para qué me embaracé?”... ¡Respira! Eres mamá y se vale también tener este tipo de sentimientos o pensamientos. Esto no quiere decir que no lo quieras o que seas una mala madre, quiere decir que estás cansada, irritada, frustrada, porque te contaron una historia sobre la lactancia y a ti te tocó otra versión, ni mejor ni peor, sólo otra versión.


Todo en esta vida tiene al menos dos caras, y la lactancia no es la excepción, tiene el lado maravilloso y sensacional que nos han contado y tiene un lado B del que poco se habla.

Si no está resultando como esperabas, solicita apoyo, asesórate, pero sobre todo háblalo. ¡No por ser mamá eres sinónimo de perfección!


L.N. Lourdes Domínguez


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